La gracia en el sufrimiento
Beato Solano Casey
Reflexión de la Cofradía del Padre Solanus, a cargo del Hno. Ben Joseph, OFM Cap. – 4 de septiembre de 2025
No fue sino hasta mi llegada a Detroit que llegué a conocer más sobre el Beato Solanus. Un día, el tema de una reflexión que estaba escribiendo era: “Cómo veía Solanus el sufrimiento con el que se enfrentó en su vida”. Me da gusto compartir con ustedes mi reflexión sobre dos incidentes que ocurrieron en la vida de Solanus y que ayudaron a moldear esta perspectiva.
Cuando Solanus fue asignado a la parroquia capuchina del Sagrado Corazón en Yonkers, aceptó con gusto el trabajo de sacristán y de director de los monaguillos, y luego el de portero o guardián de la puerta, ya que había sido ordenado como “sacerdote simple”. Esta labor solía recaer en los frailes no ordenados, pero Solano la aceptó con gusto. Como sacerdote recién ordenado, lleno de entusiasmo y vigor, seguramente había soñado con una etapa fructífera tras su ordenación. Pero lo aceptó por obediencia y dejó de lado todos los sueños que tenía sobre su vida sacerdotal. Era optimista, y tanto lo era en este trabajo que se sentía privilegiado al cuidar de la iglesia y del altar. Como monaguillo, yo también fui bendecido por el Señor al poder estar cerca del sagrario durante muchos años. Recuerdo las palabras de mi mamá: “Tienes el privilegio de estar cerca de Jesús junto al sacerdote en el Lugar Santísimo”. Estoy seguro de que trabajar tan cerca del Santísimo Sacramento animó a Solano a desarrollar un intenso amor por la Eucaristía. ¡Miren a Solano! ¿Acaso no nos está diciendo que el sufrimiento es una bendición?
En 1956, cuando Solanus sufrió graves problemas de salud, el superior provincial de entonces decidió trasladarlo de Huntington, Indiana, al Monasterio de San Buenaventura en Detroit. Solanus siempre había dedicado su vida a cuidar a los pobres y a los enfermos. Ahora había llegado el momento de que cuidara de su propia salud. Se le pidió que guardara reposo absoluto y que no tuviera contacto con la gente. Fue una decisión desgarradora y difícil para Solanus. Los frailes trataron de mantener su presencia en secreto, pero ¿quién puede cubrir la “luz” con un jarrón o ponerla debajo de una cama (Ref. Lc 8,16)? La luz y la fragancia de Solano se extendían por doquier. Anhelaba estar con su gente, escucharlos, consolarlos y orar por ellos, pero se mantuvo obediente a sus superiores. Solo después de obtener permiso salió a reunirse con su gente, olvidándose de sus propias necesidades —otro ejemplo más de sufrimiento y obediencia—. Solano le decía a la gente: “Miren hacia adelante con esperanza y den gracias a Dios de antemano, porque Dios es muy bueno”. Él lo experimentó en su vida y nos invita a experimentarlo también en la nuestra.
Hay situaciones en nuestras vidas en las que nos vemos privados de la oportunidad de trabajar o de disfrutar de la vida. Al aceptar este reto de sufrir con valentía por una causa superior, la vida cobra sentido hasta el último momento y conserva ese sentido, literalmente, hasta el final.